Del "dark room" a "lightroom"

A finales de los 80´s se enseñaba en las academias de fotografía y las universidades el proceso de revelando en el “cuarto oscuro”. El revelado de los negativos era el primer paso; se dejaban secar en una pequeña cuerda colgados con ganchos de ropa. A continuación se procedía a proyectar el negativo en papel (acercando y alejando la proyección para aumentar o reducir el tamaño). La imagen final se lograba al pasar al papel que contenía la imagen proyectada pero invisible hasta el momento, sumergiendo el mismo en diferentes bandejas previamente llenas de líquidos.  Aún recuerdo el peculiar olor del líquido revelador y del líquido fijador. Cada bandeja tenía un tiempo especial. Ver aparecer frente a tus ojos las formas de las figuras era mágico. Recuerdo que el papel permanecía muy bien empacado a baja temperaturas y la cinta fotográfica muy custodiada era abierta únicamente en aquel lugar con una tenue luz roja que no era capaz de quemar o velar las fotografías.

Lectura del proceso; la semejanza del mecanismo de la cámara al ojo humano; apreciación de piezas en blanco y negro; todo aquello era parte de la formación de un nuevo fotógrafo.

En estos días, herramientas como Lightroom y Photoshop ayudan a los fotógrafos a post producir y revelar sus fotografías. Me parece fascinante la vigencia del concepto de velocidad, enfoque, profundidad de campo e iluminación.  Todas estas variables siguen siendo indispensable para quién desea revelar toda la autenticidad y belleza de una escena, una persona, una vista arquitectónica o un producto. Los mejores secretos en cuanto al uso de la iluminación y el encuadre pueden hacer de cada pieza un instante de la vida cuidadosamente captada y volverse escenas de historias bien contadas.

 Ana Fabiola Coloma

Ana Fabiola Coloma