¿Por qué mi marca no impacta como debiera? Parte 1 de 3

¿Te has preguntado qué sucede en tu mente cuándo quieres, por ejemplo, comer una hamburguesa? Parece un proceso simple: tu cerebro recibe la señal de que “debes comer”, luego viene a tu mente una imagen clara de la hamburguesa de tu antojo, asociada inmediatamente con la marca del o los restaurantes donde podrías comprarla. Tal vez la imagen mental sea de una deliciosa hamburguesa al carbón con suficiente queso derretido y un poco de tocino que viste en la fotografía de una valla en el camino, en un video de Facebook, en un anuncio en el periódico, o en el recuerdo de la última hamburguesa que comiste.

El proceso que parece más complicado es el de cómo llegó esa imagen mental a tu cerebro; un proceso complejo en el que muchas marcas intentaron llegar a conectar contigo, varias experiencias de consumo que te inclinan a una u otra de esas marcas, y un constante bombardeo para recordarte que existen muchas opciones, diferentes por cierto, para que puedas elegir y donde puedas comprar esa hamburguesa de antojo.

En la actualidad, existen infinidad de marcas, entre las cuáles, la audiencia puede elegir. Es como una “nube virtual en el imaginario de la mente” en donde flotan marcas que se recuerdan fácilmente, que se entienden y que conectaron con la audiencia en algún momento. Existe también un mar oscuro y desconocido, repleto de marcas que flotan a la deriva, sin dirección ni manera de subir a esa nube de marcas disponibles. ¿Qué necesita una marca para llegar a ser parte de esa nube? ¿Cómo evitar que flote a la deriva con el peligro de hundirse y desaparecer en ese mar desconocido?

Para que una marca sea atractiva, comprendida, recordada y elegida, necesita cuidar de 3 componentes básicos: identidad, una historia que contar y los puentes de conexión con su audiencia. Puede que tu marca no tenga bien establecidos esos componentes, lo que puede estar causando que tu audiencia no la comprenda, no la escuche, no se conecte y no la consuma.

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1. Identidad de marca

Las marcas que cuentan con una sólida identidad gráfica y verbal que refleje su esencia, son entendidas, están vigentes y tienen notoriedad. En cambio, las marcas que no conocen su esencia, que se presentan de mil maneras y que hablan muchas cosas al mismo tiempo, generan más confusión que claridad. El cerebro humano es atraído a mensajes claros, pero se aleja inmediatamente de lo confuso y desordenado.

Es posible que tengas una noción de cuál es la esencia de tu marca, sus fortalezas principales y su aporte al consumidor y al mercado. Cuando descubres la esencia, abres la puerta para definir su personalidad y para establecer filtros y lineamientos gráficos y verbales para comunicarla de manera correcta, consistente y clara.

Piensa en tu marca como una persona. Hay rasgos que pueden ayudarte a identificarle y entenderle, como los rasgos de su personalidad, emociones, comportamiento o de la manera en que se relaciona con otros. Una marca entonces, puede ser descrita como un sabio mentor que ayuda al mundo a encontrar sabiduría y entendimiento, un travieso y divertido payaso que trae alegría, o un altruista compasivo que cuida y protege de otros. De allí será fácil entender el por qué de cómo viste, cómo habla y qué puedes esperar de ella.

Una marca con identidad clara se presenta en cualquier lugar de la misma manera y habla un mensaje coherente y consistente por cualquier medio. Esto provocará que el consumidor la identifique y la entienda, pero al mismo tiempo permitirá que tu equipo operativo, de ventas y administrativo comprenda la comprenda mejor, y tenga una misma manera de darla a conocer a otros.

Comunica tu esencia de marca de una manera atractiva, clara y consistente, para que tu audiencia te note.